Por El Gallito

En estos tiempos parece que todo debe documentarse con foto. La reunión, el recorrido, la entrega, el saludo, la visita y hasta la promesa. Todo queda registrado, publicado y acompañado de frases que suenan bien.

Pero hay algo que ninguna foto puede ocultar por mucho tiempo: los pendientes.

Porque mientras algunos presumen cercanía, muchos ciudadanos siguen esperando soluciones. Esperan que se atienda su calle, que reparen una luminaria, que limpien un espacio público, que respondan un reporte o que simplemente regresen después de la visita.

La imagen puede comunicar, sí. Pero no resuelve. Una publicación puede generar aplausos, pero no tapa un bache. Una fotografía con vecinos puede verse bien, pero no reemplaza el seguimiento a los compromisos.

La gente ya distingue cuando hay trabajo real y cuando solo hay presencia para la cámara. Y aunque algunos crean que la memoria ciudadana dura poco, en las colonias se recuerda quién prometió, quién volvió y quién desapareció.

No se trata de criticar por criticar. Se trata de recordar que el servicio público no se mide por cuántas fotos se suben, sino por cuántos problemas se atienden.

Y como dice El Gallito: la foto puede salir bonita, pero si el pendiente sigue ahí, la realidad termina hablando más fuerte.