Por El Gallito
En el pueblo las paredes escuchan, las esquinas hablan y los cafés de la mañana a veces informan más que cualquier boletín oficial. No hace falta micrófono ni rueda de prensa: basta con sentarse un rato en la plaza, pasar por el mercado o escuchar lo que se comenta en la fila de las tortillas para saber por dónde viene el ánimo de la gente.
Y esta semana, lo que se dice en el pueblo no suena precisamente a aplauso.
Entre vecinos corre la misma pregunta: ¿cuándo van a cumplir lo que prometieron? Porque una cosa es pararse frente a la gente, saludar bonito y decir que ahora sí vienen los cambios, y otra muy distinta es regresar cuando las cámaras ya se fueron.
Algunos comentan que hay calles que siguen igual, lámparas que no prenden, reportes que nadie responde y problemas que solo aparecen en la agenda cuando se vuelven demasiado visibles. Otros, más directos, dicen que hay personajes que ya andan saludando más de la cuenta, como si la memoria del pueblo durara menos que una campaña.
También se escucha que en varias colonias la paciencia se está acabando. La gente no pide milagros, pide atención. No quiere discursos largos, quiere soluciones. No quiere que le expliquen por qué no se puede, quiere ver que alguien se mueva para resolver.
Pero eso sí: en el pueblo nadie olvida tan fácil. Aquí se recuerda quién prometió, quién apareció solo para la foto, quién ayudó de verdad y quién desapareció cuando más se le necesitaba.
Lo que se dice en el pueblo a veces incomoda, pero casi siempre tiene algo de cierto. Porque cuando muchas voces repiten la misma molestia, quizá el problema ya no es rumor: es señal de que algo no se está atendiendo.
Y como dice El Gallito: el que no quiera que hablen, que empiece por cumplir.
